miércoles, 4 de septiembre de 2013

Oxossi

ÒSOÒSÌ en África.

Oxóssi, el dios de los cazadores, habría sido el hermano menor de Ogum. Su importancia débese a diversos factores.

El primero es de orden material, pues como Ogum el protege los cazadores, facilita sus expediciones y caza abundante.

El segundo es de orden médica, pues los cazadores pasan gran parte de su tiempo en la selva, estando en contacto frecuente con Ossain, divinidad de las hojas terapéuticas y
litúrgicas, y aprenden con él parte de su saber.

El tercer es de orden social, pues normalmente es un cazador que, durante sus expediciones, descubre el lugar favorable a la instalación de una nueva aldea o comunidad. Tornase así, el primero ocupante del lugar y señor de la tierra (oníle), con autoridad sobre los habitantes que ahí vengan a instalarse posteriormente.

El cuarto es de orden administrativa y policial, pues antiguamente los cazadores (ode) eran los únicos a poseer armas en las comunidades, sirviendo también de guardias nocturnos (osó).

Una leyenda explica como surgió el nombre de ÒSOÒSÌ, derivado de OSOWUSI (el guardia nocturno  es popular).

“Olófin Odudua, rey de Ifé celebraba la fiesta de los nuevos “inhames” (tubérculos emparentados a la papa) (*), un ritual indispensable en los inicios de la cosecha, por lo cual, antes de eso, nadie podía comérselos. Llegado el día, una gran multitud reuniose en el patio del palacio  real. Olófin estaba sentado en gran estilo, magníficamente vestido, cercado de sus mujeres y ministros, mientras los esclavos lo abanicaban  y espantaban las moscas, los tambores tocaban y  cantaban alabanzas para saludarlo.

Las personas reunidas conversaban y festejaban alegremente, comiendo los nuevos “ihames” y bebiendo vino de palma. Súbitamente un pájaro gigante sobrevoló el lugar, yendo a posar sobre el techo de la casa central del palacio... Ese pájaro malvado fuera enviado por las hechiceras, las “Iayami Osoronga” (2) llamadas también las “Eleye”, o sea, las propietarias de los pájaros, púes ellas los utilizan para realizar sus nefastos trabajos. La confusión y la desesperación se apoderaron de la multitud. Decidieron, entonces, traer sucesivamente a “Oxotogun”, el cazador de las veinte flechas, de “Ido, a “Oxotogí”, el cazador de las cuarenta flechas, de “Moré”, a “Oxotadota”, el cazador las cincuenta flechas, de “Ilare” y finalmente a “Oxotokanxoxô”, el cazador de una sola flecha, de “Irema”. Los tres primeros, muy seguros de sí mismos y un tanto fanfarrones, fracasaron  en sus intentos de atingir el pájaro, a pesar del tamaño de este y de la habilidad de todos los tiradores. Llegada la vez de “Oxotokanxoxô”, hijo único, su madre fue rápidamente consultar a un “babalao” – consejeros de los “babalorixás” (guía espiritual) (*) que le dijo: “Su hijo está a punto de la muerte o de la riqueza. Haga una ofrenda y la muerte se trasformará en riqueza”. Ella fue entonces, poner en una encrucijada una gallina, que había sacrificado, abriéndole el pecho, como deben ser hechas las ofrendas a las hechiceras y diciendo tres veces: “que el pecho del pájaro reciba esta ofrenda”. Fue el momento preciso en que su hijo lanzaba su única flecha. El pájaro perdió el encanto que lo protegía, para que la ofrenda llegase a su pecho, pero fue la flecha de “Oxotokanxoxô” que lo atingió profundamente. El pájaro cayó pesadamente, se debatió y murió. Todos comenzaron a danzar y a cantar: “Oxó (Osó)” es popular. “Oxowussi (Osówusí)” “¡Oxoussi!” ¡Oxowussi!”
Con el tiempo, “Osówusí” transformose en “ÒSÓOSÌ”.

Oxóssi en el Nuevo Mundo

El culto a “OXÓSSI” se encuentra casi extinto en África, pero bastante difundido en el Nuevo Mundo, tanto en Cuba como en Brasil. En Bahia, llegase mismo a decir que él, fue rey de “Kêto”, donde hace mucho fue cultuado. Eso explicase, quizá, por el hecho de este país haber sido completamente destruido y saqueado por las tropas del rey de Dahomey, en el siglo pasado, y sus habitantes, incluyendo los iniciados de Oxóssi, fueron vendidos como esclavos para el Brasil y Cuba. Esos africanos trajeron con ellos el conocimiento del ritual de celebración de ese culto. Llegado a tal punto, que existiendo todavía en “Kêto” los lugares en los cuales Oxóssi, antes recibía ofrendas y sacrificios, ya no existen actualmente personas que sepan o deseen rendirle culto.

En Brasil, sus numerosos iniciados usan collares de cuentas azules-verdosas. El jueves es el día de la semana que le es consagrado. Su símbolo es, como en África, un arco y flecha en hierro forjado. Las comidas ofrecidas son: carne de cerdo, porotos negros o “tape” con “eran patere” (porciones de carne).

Oxóssi es sincretizado en Bahia con San Jorge y con San Sebastián en Rio de Janeiro. Mientras en Cuba, él es San Norberto.
En el transcurso del “xirê de orixás”, él porta en una de las manos el arco y la flecha, sus símbolos. En la otra un “erukerê” (espanta moscas), insignia de dignidad de los reyes de África y que recuerda haber sido él, rey de “Kêto”. Sus danzas imitan  a la caza, la persecución del animal y el tirar de la flecha. Oxóssi es saludado con el grito “OKÊ”.

Cuéntase en Brasil (3) que Oxóssi era hermano de Ogum y de Exú, los tres, hijo de Iemanjá. Exú era indisciplinado e insolente con su madre y por eso ella lo echó. Los otros dos hijos se portaban mejor. Ogum trabajaba en el campo y Oxóssi cazaba en los bosques vecinos, de modo que la casa estaba siempre abastecida de productos agrícolas y de caza. Iemenjá, entretanto, andaba inquieta y resolvió consultar un babalao. Este le aconsejó prohibir a que Oxóssi saliera a cazar, pues se arriesgaba a encontrar Ossain, aquel que detiene el poder de las plantas y que vivía en las profundidades de la selva.

Oxóssi estaría expuesto a un hechizo de Ossain para obligarlo a permanecer en su compañía. Iemanjá, exigió entonces, que Oxóssi renunciase a sus actividades de cazador. Pero este, de personalidad independiente, continuó sus incursiones en la selva. El partía con otros cazadores, y como siempre hacia, una vez llegados juntos a un gran árbol (iróko) (4), se separaban, siguiendo cada uno por su cuenta, y volvían a encontrase al final del día y en el mismo lugar. Cierta tarde, Oxóssi no volvió para el reencuentro, ni contestó a los llamados de los otros cazadores. El había encontrado a Ossain y este le diera para beber una porción donde fueron preparadas ciertas hojas como “amùnimùyè”, cuyo nombre significa “apoderarse de una persona y de su inteligencia, lo que produzco en Oxóssi una amnesia. Él no sabía más quien era, ni donde vivía. Quedó, entonces, viviendo en la selva con Ossain, como predijera el babalao.

Ogum, inquieto con la ausencia del hermano, partió en su búsqueda, encontrándolo en las profundidades del bosque. El, lo trajo de vuelta, pero Iemanjà no quiso recibir al hijo desobediente. Ogum, enojado por la intransigencia materna, rehusase a continuar en la casa (es por eso que el lugar consagrado a Ogum está siempre instalado al aire libre). Oxóssi volvió a la compañía de Ossain e Iemanjà desesperada por haber perdido sus hijos, transformose en un río, llamado “Ogun” (no confundir con “Ogùn”, el orixà).
El narrador de esta legenda llamó la atención para el hecho de que “esos cuatro dioses yorubas – Exù, Ogum, Oxóssi y Ossain – son igualmente simbolizados por objetos de hierro forjado y viven todos al aire libre”.

Arquetipo

El arquetipo de Oxóssi es el de las personas despiertas, rápidas, siempre alertas y en movimiento. Son personas llenas de iniciativas y siempre en vías de nuevos descubrimientos o de nuevas actividades. Tienen el sentido de la responsabilidad y de los cuidados para con la familia. Son generosas, hospitalarias y amigas del orden, sin embargo, les gusta mucho cambiar de residencia y encontrar nuevos modos de vida, renunciando, algunas veces, a una vida doméstica harmoniosa y calma.

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Fuente bibliográfica: ORIXÀS. Dioses Iorubàs na Àfrica e no Novo Mundo.
Pierre Fatumbi Verger. Ed. Corrupio, Salvador. 2002

(1)     Verger (XI, XII-b).
(2)     Verger (IV, p. 143).
(3)     Verger (III, p. 208)
(4)     Chlorophora excelsa, moràcea

Traducción  y adaptación de textos: Maria Isabel (Isa) Soares.

(*) Notas de la traductora.

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